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    Parte 1: Ataque de Facebook a la investigación

    Un problema de todos

     

    Facebook acaba de prohibir en su plataforma las cuentas de varios investigadores de la Universidad de Nueva York (NYU) que dirigen Ad Observer, un proyecto de rendición de cuentas que rastrea la desinformación pagada. Esto tiene importantes implicaciones: no solo para la transparencia, sino para la autonomía de los usuarios y la lucha por el software interoperable.

     

    Ad Observer es una extensión del navegador, gratuita y de código abierto, que se utiliza para recopilar los anuncios de Facebook y someterlos a un examen independiente.

    Facebook se ha opuesto durante mucho tiempo al proyecto, pero su última decisión de atacar a Laura Edelson y su equipo es un nuevo y poderoso golpe a la transparencia. Y lo que es peor, Facebook ha hecho pasar este acoso por la defensa de la privacidad de los usuarios. Este “lavado de privacidad” es una práctica peligrosa que enturbia las aguas sobre el origen de las verdaderas amenazas a la privacidad. Y para empeorar las cosas, la empresa ha estado adornando estas excusas con afirmaciones legalmente indefendibles sobre la aplicabilidad de sus condiciones de servicio.

     

    En conjunto, la sórdida guerra de Facebook contra Ad Observer y la rendición de cuentas es una ilustración perfecta de cómo la empresa deforma la narrativa en torno a los derechos de los usuarios. Facebook está enmarcando el conflicto como uno entre la transparencia y la privacidad, dando a entender que la elección de un usuario para compartir información sobre su propia experiencia en la plataforma es un riesgo de seguridad inaceptable. Esto es falso y erróneo.

    Esta historia es una parábola sobre la necesidad de la autonomía, la protección y la transparencia de los datos, y sobre cómo la Compatibilidad Competitiva (también conocida como “comcom” o “interoperabilidad adversa”) debería desempeñar un papel en su consecución.

     

    ¿Qué es Ad Observer?

    Las herramientas de segmentación publicitaria de Facebook son el corazón de su negocio, pero para los usuarios de la plataforma están rodeadas de secreto. Facebook recopila información sobre los usuarios a partir de una amplia y creciente gama de fuentes, y luego clasifica a cada usuario con cientos o miles de etiquetas basadas en sus intereses o estilo de vida. La empresa vende entonces la posibilidad de utilizar estas categorías para llegar a los usuarios a través de anuncios microdirigidos. Las categorías de usuarios pueden ser extrañamente específicas, abarcar intereses delicados y utilizarse de forma discriminatoria.

    Para desvelar cómo los anuncios políticos utilizan este sistema, ProPublica lanzó su proyecto Political Ad Collector en 2017. Cualquiera podía participar instalando una extensión del navegador llamada “Ad Observer”, que copia (o “raspa”) los anuncios que ven junto con la información proporcionada bajo el enlace “¿Por qué estoy viendo este anuncio?”, de cada anuncio. La herramienta envía esta información a los investigadores que están detrás del proyecto, que el año pasado era el grupo Cybersecurity for Democracy de la Universidad de Nueva York.

     

    La extensión nunca incluía información de identificación personal, simplemente datos sobre cómo los anunciantes se dirigen a los usuarios. Sin embargo, en conjunto, la información compartida por miles de usuarios de Ad Observer reveló cómo los anunciantes utilizan las herramientas de segmentación publicitaria basadas en la vigilancia de la plataforma.

    Esta mayor transparencia es importante para comprender mejor cómo se propaga la desinformación en Internet y las propias prácticas de Facebook para abordarla. Aunque Facebook afirma que “no permite la desinformación en sus anuncios”, ha dudado en bloquear los anuncios políticos falsos, y sigue proporcionando herramientas que permiten a los intereses marginales moldear el debate público y estafar a los usuarios.